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martes, 27 de septiembre de 2016

Sicario (la muerte è il mio mestiere)




La historia de "Sicario" bien podría ser la historia de cualquier hombre del mundo.




Si en algún momento de la lectura usted se siente identificado con el personaje, le pido encarecidamente: ¡no mate al amor! Qué culpa tiene el amor de sus problemas.

Algunos poemas bien podrían desarrollarse como guion de cine, pero ni yo soy guionista ni ustedes, queridos lectores, están para escuchar mis mamarrachadas de poeta despechado. Comprendo perfectamente el significado de la frase: cállate, Madison, que el patio no está hoy para farolitos.

En cualquier caso, pueden ponerse cómodos en su butaca reclinable e imaginar que están en una sala de cine... y que en la entrada hay una chica divina de la muerte vendiendo unas palomitas de muerte, en esta casa no se cobra por darle a la sesera. Y ya que están, imaginen que Nancy Sinatra aparece en pantalla en primer plano, con su pelo yeyé cantándoles a todos el "Bang-bang", vestida de rosa chicle, inmóvil, muy a gusto, casi como una iguana tomando el sol a las 2:00 de la tarde en el desierto.





Y qué quieren que les diga, a mí el color rosa me ha parecido siempre un color espantoso para vestir a una mujer, incluso mis hijas han renegado del rosa desde que eran unos micos, sin ánimo de ofender, yo prefiero el negro...

Cállate Stevie Wonder, cállate-cállate de una maldita vez, hombre, me tienes negro cantándome "La mujer de rojo" y tú sabes de sobra que ese estilo musical no encaja en este guion.






Ya sé que los ochenta fueron los mejores años de mi vida, ni falta que hace que me lo recuerdes. Una época feliz en la que yo no estaba enamorado de nadie ni nadie lo estaba de mí, y nadie perdía el tiempo en hacerle la putada a nadie, así que, si no te importa man, cierra ya el piano de cola y sal de mi cabeza. 

Este es un post de tipos duros, de pistoleros que sufren en silencio por amor; un post para esos currantes que sueñan con montárselo con su piba
a lo Nucky Thompson cuando salen del trabajo, con un Clavelito rojo en la solapa tope de elegante. Way tío, dabute...




De acuerdo, chicas, reconozco que Nucky no es muy agraciado, pero qué más da, la belleza está en el interior (y también en la billetera, Nucky tiene más pasta en el banco que el señor Barcenas)

Muy bien, sí, ya me callo.

Estimados lectores, sin más dilación:

Sicario.

(Espero que  no me disparen al terminar).


**********


La soldado de Dios.


Pido a Dios que te mate.

Te lleve por delante. Te silencie.

Algunos días,
esos días benévolos,
le pido solamente: haz que me olvide,
llévatela, señor.

Ve y tráele a otro tipo que la quiera
y que la haga sentir en las mañanas
hasta que el reino
de los hombres colapse
y tus ángeles quieran ser muy hombres
para gozar también.

Y entonces llegas, Dios,
tan de mañana,
y la traes tan húmeda a mis manos
y la montas desnuda sobre mí.

Me traes a esa "muerta" y yo permito
cabalgue mi violencia,
me sueñe y me imagine
orgasmo tras orgasmo,
a grito limpio
tu nombre entre sus dientes,
el cuarto y los vecinos, mi minúsculo
reino colapsado,
vencido en mi ataúd.


*************

The hero.

Que estoy enamorado, lo admito, como un perro.

Me puedes arrastrar, pisotearme
aquí, en lo privado de este cuarto,
que no soy menos hombre.

Soy tan hombre que puedo soportar
tus exterminios
sin derrumbarme, con la cabeza en alto.

Eso te gusta.
Te exita te suplique: no me dejes.
Te exita
el arte de tu guerra en la que soy
arrinconado por tu rosa en éxtasis.

Arremete, madame.
No escatimes en armas ni estrategias
por muy letal que sea el gas mostaza,

que voy a darte lucha y belicismo
hasta que Ares me lleve por delante.


*

He vuelto de la guerra.

La piel viento y metralla
y el corazón henchido de condecoraciones.

He vuelto.
Luzco ante ti la gloria de la Estrella de plata,
la del honor,
la púrpura,

los nudillos gastados de morderlos
y una hoja de servicios -impecable-
narrando a bomba y tiro mis victorias.

Nadie,
nadie sabrá jamás de las hazañas
del mutilado
sin corazón
sin lengua
y sin riñones.

Ya ves amor,
he vuelto de tu guerra,
de tu sórdida guerra de amantes despechados.

De esta vendetta estúpida donde no gana nadie.


************


Sicario.




Te amé con tantas ganas que tu cuerpo
fue mi dogma de fe.
La oración inmediata
rallando en la ceguera del fanático.

Te amé
hundido en el pecado
del idólatra
con el fuego impaciente del novel
que añora conseguir la fórmula perfecta
para ascender al pódium de la fama,

con la pregunta del enamorado
que deshoja violetas adivinas,

con los rigores muertos de un cadáver
inconmovible ante su turba fúnebre.

Te amé,
borrando todo rastro de inocencia,
de humanidad en mí,
de llanto,
de decoro,
vestido de coloso indestructible.
Con mi disfraz de déspota, de sádico marqués,
en ese gran papel de "Harry el sucio"
patrullando lo oscuro de tu centro,

de cazador Van Helsing desollando
tu libido vampírica.

Te amé,
con el encanto frío del sicario
que mata cada noche al corazón
para sobrevivir a tu corona.


**************





Dios, tú no comprendes nada.

Que puedes tú saber
de mí.

Tú que no has padecido las fiebres de matar,
tú qué nos padecido
cuánto puede exfoliarse un corazón
cuando el amor se vuelve solo carne,
y la pasión un triste comediant
disfrazado de trinos que entre aplausos
recoge sus girones.

Tú qué jamás has sido
esa Pompeya frágil que doblega
sus días de esplendor a las cenizas
de su letal Vesubio,

altísimo Señor.


*************


A la mierda Cupido.

Hazte a un lado Cupido.Ya no quiero
morir en tu estocada, desangrarme
llorando verso almibarado y lírico.
Mi amor es más de diablo sin alardes
que entrega el corazón sin ataduras.
No quiero tus lisonjas y bondades,
tu edén, tus estrellitas y piropos
de lengua tropelosa y torpe Náyade.

Ya te dí suficiente novelita
más que Corín Tellado, Dios me guarde
de escuchar, niño pijo, tu discurso
de polillas caducas al desmadre.

De su rosa cañí perdí el secano,
mi fórmula de abono no le *piace.

Ahórrate la flecha, viejo arquero.
El amor es un asco: ¡Bon voyage!


*

Fue mío de un disparo, comisario
con unas simples rosas amarillas
que cargué en el cañón de mi pistola.

Un tierno ramillete de rosas amarillas
que según los flamencos traen mal fario.

Despacio, en un blackout fatídico,
cayó a mis pies de bruces.
Y aquel cuerpo pequeño
no causó ruido alguno al derrumbarse.

No hicieron ningún ruido
ni sus rizos,
ni su rostro perfecto,
ni sus alas,
ni sus manitas breves
aún asidas al arco.

Qué poco pesa el alma sin dolor.

A la mierda Cupido.


*






Muerto el amor, se me murió la noche.
En su pálida frente de *obsidiana
se esfuma mi pasado, amplio derroche
del amante que siempre dio en la diana.

Muerta la noche. Muerta su cintura
de estrellas, su mirar de estalactita,
el vitral negro azul de su estructura,
sus piernas de mujer cosmopolita.

Su espalda de silíceo, sus caderas
de marciana rebelde, sus dos brazos
de maternal lobezna, sus
ojeras
de veladora nata de mis pasos.


*

Y mientras te pensaba,
azul tu raza, el gesto y los cabellos,
por que todas las grandes hechiceras
cargan algo de azul para la suerte,
toda diamantes y alas y estrellitas
sirviendo leche-miel y pan migado
a nuestros dragoncitos desdentados y fieros,
me llegó Don Sicario con su vida elegante
(de Valentino)
con sus cuatro mil muertes,
y la tarde de oro
bañando de amarillos su sombrero fedora.

Lloraba como un crío
por su ciega matanza cupidiana:

— Se me nubló la paz, cosa difícil,
pensando en el declive de ese baby.
En su cuerpo tan breve
y en sus mínimos labios
y en su lengua de culebrilla dócil
farfullando mi nombre en su agonía,
y aquella palabrita detestable
abarcando el espacio,
tan dulce,
de esos últimos, lentos estertores,
que llegan con la muerte:
—¡Canalla!

Y luego, en un suspiro desgarrador y sordo:
—¡Que te den, cabro-nazi!
(haciendo la peineta)

Debo reconocer que el crío es: sorprendente.

Y ahora tengo la alfombra,
mi carísima alfombra de lana del Nepal,
todo el cuarto infestado de confetis.
Por el amor del cielo, Madison, por dios santo,
una puta nevada
de corazones bobos
de papel rojo púrpura
danzando en el espacio.

Y maldita la gracia, yo me esperaba sangre.
En su defecto,
del torso hecho pedazos, de la frente,
no cesa de brotarle esa basofia.

Virgen de los sicarios.
Más que un ángel de amor
es un pavo relleno.


*************


Yo no estoy preparado para el duelo.

Sí dios tiene grandeza me permita
viajar antes que tú,
que a todos los que quiero.

Yo no estoy preparado para ver
como los vivos ponen
tus mejores vestidos y mis cartas
en cajas al destierro,
tus libros,
tu carmín
y tus zapatos...

Tengo un problema serio con la muerte:
No aguanto que me robe lo que quiero.


**************


Mi venganza mayor, será morir
asistiendo al sepelio de lo nuestro.

Ver como te derrumbas moribunda,
el corazón en llamas,
mientras este voyeur contempla en bambalinas
que no existes sin mi mejor receta
para salir ilesa de lo adverso,

sin mis cuarenta y seis batallas
desnudas en tu boca de Calígula,
sin mi trago de vodka y mi pitillo
temblando en tu nocturno,
sin mi fuego cruzado,
sin mis ganas,

dejar que el luto por lo nuestro
devore mis espaldas
sin pelearte.


*************


Qué alguien traiga el maldito desfibrilador.


Mi muerte es otra historia.

Estoy en ese sueño,
desnudo y sobre ti,
en el que mi cantar penetra y sale de tu capitanía
en lenta procesión espiritual.

Te digo tantas cosas;
ésas que nunca digo a nadie.
Las voy sembrando al borde de tu boca
con la paciencia de un viejo jardinero.

Mi muerte es descubrir
que todo lo vivido
es solo un sueño.


*

Mi corazón se cae desde el cielo mayor
y no hay ninguna red
ni manos de bondad que lo sostengan.

Me muero.

Me muero en do mayor que es como mueren
los hombres de verdad,
los pasionales.

Los que llevan al pecho
la medalla de oro
de segundos Romeos.
Oro de "24 kilotones".
Sin trampa ni cartón, oro del bueno.

No te sientas culpable de esta muerte.
Me maté porque quise.
Porque me dio la gana.

Me maté porque quise y también porque te quiero.


*********************


 Amor a lo Buscemi.





Tengo esa fantasía de llegar a tu puerta,
elegante, bien fino,
a lo Buscemi.

Es sábado, un sábado magnífico
y llevo un clavel rojo en la solapa.

 Es tarde,
todo lo tarde como para impedir
que una señora salte de su cama
en camisón a consolar a un tipo,
un camisón eterno, inacabable,
largo
hasta
el
piso,
transparente.

Tú me preguntarás mi santo y seña desde el interior
y yo diré mi nombre.

Responderás qué no.

Buscemi es la serpiente,
es el amo de todas las manzanas
que brotan de ese árbol.
Aquel árbol del que te habló mamá cuando tú
eras
tan pequeña como lo eres ahora
haciendo contrapeso
con tu peso de hembra- inmensa-hembra,
sobre esa puerta- obstáculo y maldita
(te gustan demasiado las manzanas).

Y a las serpientes se les deja en la calle
para que el hombre del saco se las lleve.

Un corto y diminuto no que en realidad
es: SÍ.

Ese tira y afloja femenino,

ese vete (tan cruel) que no te quiero,

ese ancestral patrón repetitivo
entre el hombre y su hembra.

Sí. Tú siempre abres la puerta.
porque todo, absolutamente todo
es posible en mi Hollywood onírico.

Y para qué engañarse, tú deseas
todo lo que yo traigo y represento:
un Buscemi ajustado a tu medida
que sabe bien montar a la palabra.

No sé si llevo rosas.
Conociendo a Buscemi,
un pistolero con vocación enferma
por las flores, seguro que las llevo.

Y entonces entro.

Y te amo
de pie contra la puerta
en la cama,
(Buscemi sólo llega hasta la cama)
sobre la mesa del salón,
bajo la ducha,
en la cocina...
mientras te digo suave y al oído,
(uno a uno, palabra por palabra)
todos esos poemas que escribí para ti
un sábado cualquiera.

Buscemi es un cabrón piquito de oro,
pero tú quieres todo del cabrón de Buscemi.
Te vuelve loca ese ladrón de corazones.

Es lo que piensas
mientras Busemi fuma su pos-coital pitillo
desnudo junto a ti,
en tu cama fantástica de santa.
La santidad que enamoró a
Nucky Thomson.

A Sicario le tiran
otras paridas más trascendentales
para morir en acto de servicio.

Cabalgar en la noche, tan desnuda,
con la espada a los vientos
mientras gritas mi nombre a las estrellas
es una invocación muy peligrosa.
Y ciertos personajes
pueden entrar al quite y tan al quite
como para matar de lleno a los actores.

*********************


Ya te lo dije, no soy un pistolero.


El hombre del revólver y la luna partida en mil pedazos,
ese Sicario que le reza a la virgen
que todo matarife necesita para lavar pecados,
el asesino a sueldo
que pugna por ganar tu corazón,
es en realidad el pistolero.

Y a veces lo consigue.
En el fondo te gusta ese Sicario
que mata mientras Billie
se muere por las noches
en requiebros
en su móvil.

Pero yo no soy ese matador de cupidos
aunque vista de luces para ti.

Yo soy el soñador que te corteja,
yo soy
tu tejedor de estrellas,
el poeta que  espera
al otro lado
de todos los azogues de tus mundos,
Alicia de mis sueños.

En este instante, 22:09 de la noche,
hora española, estoy junto al espejo.

¿Vendrás a rescatarme?


**


Por fin tengo al amor oculto en ese espejo solitario
donde me miro a veces.

Lo tengo y con sus huesos
me he hecho un relicario 
con el que me santigüo por las noches
para dormir en paz.

Qué juego tan extraño es el amor.

Vivía convencido de que nunca amaría
para no troquelarme las arterias
y no morir, ahogado,
en los pozos oscuros de pasión
de mi sola fortuna.

Por fin siento al amor durmiendo
en las oceanidades de mi alma

Por fin llevo al amor como una lanza
deliciosa
hundida en el costado.

Y esa tenencia me hace
sentir tan indefenso,
como si el mundo
pesara kilotones en mis ojos.

Tan solo y tan perdido,
 tan niño,
que me cuesta
controlar en las noches
esta férrea armadura de Sicario.

************


*************

La morte è il mio mestiere.






Y bien, esto ha sido todo, les agradecería no usaran mi caja de comentarios para dejarme sus rollos sentimentales. Estoy seguro de que en alguna parte de la blogosfera hay un Dr. Love, todo es cuestión de salir a buscarlo. La caja de comentarios es única y exclusivamente para asuntos literarios. (Aunque si les hace bien contarme que su mujer les dejó, que fue a por tabaco y no regresó nunca y que no tienen ni maldita idea de como se hacen unos garbanzos, adelante. Soy muy respetuoso con el secreto de confidencialidad.


Soy J. Madison y ha sido un placer escribir para vosotros.