Contador de lectores vía feed.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Arquitectura.





















Qué no daría yo
por haberte querido
con la inocencia blanca de un impúber
en otra piel, con otro signo cuántico.

En medio de un pajar como los bárbaros
mientras dominas toda mi estructura
con la rotundidad de tu sentencia:

—Solo soy tuya, amor.

En cualquier calle parisina. Reyes,
gobiernos de la noche,
el cancán marcándonos la libido.

Bajo la mansa bóveda
de un minúsculo iglú en Groenlandia
todo candor volátil tu breve pirotecnia
auténtica entre risas:

—¡Soy toda tuya, amor!

Te he diseñado tanto en otros tiempos
que no alcanza el reloj  de mis astrales
ni droga psicodélica ni trago
que mate esta ansiedad arquitectónica.

Porque,
qué no daría yo por alcanzar
la eternidad de tu primer seísmo,
fraguar en tus cimientos encofrado
a todas tus versiones,
aunque los vendavales y los mundos
impacten como bombas
sobre el tejido vivo de nuestras existencias.