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sábado, 27 de febrero de 2016

Los versos del capitán. Día cuatro. The hero.












The hero.

Que estoy enamorado, lo admito, como un perro.

Me puedes arrastrar, pisotearme
aquí, en lo privado de este cuarto.
Que no soy menos hombre.

Soy tan hombre que puedo soportar
tus exterminios
sin derrumbarme nunca, con la cabeza en alto.

Eso te gusta.

Te exita te suplique: no me dejes.
El arte de tu guerra en la que soy
arrinconado por tu rosa en éxtasis.

Arremete, madame.

No escatimes en armas ni estrategias
por muy letal que sea el gas mostaza.

Que voy a darte lucha y belicismo
hasta que Ares me lleve por delante.


*

He vuelto de la guerra.

La piel viento y metralla 
y el corazón henchido de condecoraciones.

Luzco ante ti la gloria de la Estrella de plata, 
la del honor, 
la púrpura.

Los nudillos gastados de morderlos
y una hoja de servicios -impecable-
narrando a bomba y tiro mis victorias.

Y
nadie. Nadie sabrá jamás de las hazañas
del mutilado
sin corazón 
sin lengua 
ni riñones.

Ya ves amor,
he vuelto de tu guerra.
De tu sórdida guerra de amantes despechados.

De esta vendetta estúpida donde no gana nadie.




Habanera de la opera Carmen interpretada por la mesosoprano italiana Anna Caterina Antonacci.
(The Royal Ópera)




El amor es un pájaro rebelde.
(Letra en castellano)


El amor es un pájaro rebelde 
que nadie puede dominar
y es vano llamarlo si él prefiere rehusarse.

De nada sirve amenazar o suplicar.

Uno habla bien, él otro se calla
y es al otro al que yo prefiero;
él no ha dicho nada pero me gusta.

¡El amor!

El amor es un niño gitano, jamás, 
jamás ha conocido ley.

Si tú no me amas, yo te amo
y si te amo, ten cuidado.

El pájaro al que creíste sorprender batió sus alas y voló.

El amor está lejos, puedes esperarlo
no lo esperas y ahí está,
a tu alrededor,
rápido, muy rápido
viene, 
se va y luego regresa. 

Crees tenerlo,
te evita
crees evitarlo y él te tiene.








viernes, 26 de febrero de 2016

Los versos del capitán. Viernes-versal.










Soy animal nocturno. Según la noche va destronando al día mi espíritu se alza como esa bandera negra que ahora ondea en lo más alto del "Golden hind", mi galeón.

Hoy es viernes, y los viernes pertenezco a esa mujer delfín que activa, desde el otro hemisferio del mundo, su sonar para entrar en comunicación abierta conmigo.


Hoy es Viernes-versal.


Y si llego a tu puerta,
moribundo,
herido mortalmente de silencio
derrama en mí tu sangre
de tu boca a mi boca.

Viértete entera y limpia,
y échate a navegar por mis arterias.

Y si te digo basta
tembloroso
en un impulso desmedido y ciego,
no escuches a este viejo capitán,

y si te imploro basta 
es que deliro.






jueves, 25 de febrero de 2016

Los versos del capitán. Cuaderno de bitácora. Día 1. ¡Soltad amarras!








Cuaderno de bitácora.
Día 1.


Un escritor, un gran escritor, debo decir, me dijo que se la traía floja el mundillo de la fama y que escribía para guardar su vida.

Yo escribo para salvar mi alma.

Un capitán es responsable de las existencias al completo en su nave, y eso incluye también las existencias humanas.

El día de un capitán comienza antes que la de los gallos, y porque soy, además de marino, brujo, sé, queridos lectores, lo que ustedes están pensando en este instante: no hay gallos en alta mar. Es cierto, a menos que este galeón atraque en aguas caribeñas y consiga hacerse con algún ejemplar de gallo fino, de esos que en mi tierra llaman de pelea. Yo echo de menos a los gallos y también a los míos. Será porque no tengo otra cosa mía en la bastedad de mi océano que tres grumetes jóvenes que, estoy seguro, ya han navegado con este capitán desde la primera vez  que a sus almas se les asignó un cuerpo. El resto nunca me ha pertenecido.

Como todo marino, sufro la enfermedad de la soledad, aunque este capitán no duerme nunca solo. Mi hambre existencial no es carnal, sino del alma. El sexo no cubre ni siquiera una parte de mi constante carencia afectiva, y la carne es en sí tan efímera (debo haber sido mujer en otra vida) Soledad y miedo a la muerte son las cadenas que arrastro por cubierta mientras doy órdenes a mis oficiales de a bordo, que se hacen cada vez, más pesadas con el paso imbatible de los años. Pero, basta de charla. El tiempo apremia y es vital que mis marinos y este servidor soltemos las amarras mientras suena en cubierta la voz de Etta James, interpretando esta especial versión de Stormy weather.






A través del enlace a continuación usted puede viajar cómodamente y en primera clase por la obra de ese gran hombre-escritor que cito en el primer párrafo del texto.





miércoles, 24 de febrero de 2016

Marine paradise.










Eva emerge desnuda del corazón del mar en una fuga roja de romances.

Eva descarga su decálogo de vida en mis ojos
y sobrevuela libre mi piel de soledad azul.

La selva de serpientes marinas de su pelo se enreda
en la sed coustoniana de mis dedos de oceanógrafo.

Bancos de peces blancos milagrosos migran
desde su garganta hacia el atlántico ciego de mi boca.

Eva me entrega en un temblor biosónico sus agallas maduras de mujer-pez
para que explore sin bombona de oxígeno
sus abismos oceánicos ocultos al resto de los hombres,
la frágil oscuridad de su pozo-imaginarium de los deseos,
la humedad necesaria en sus jardines del delirio,

su edén,

el paraíso.





domingo, 21 de febrero de 2016

París se quema, se quema París.







Barrio bohemio de París.






París se me va quemando
en mis sueños de estraperlo
mi negra, quieran los santos
que no lleguen los bomberos.

Se le ha puesto duro el mambo
y aunque el panorama es negro
no habrá lluvia en sus quebrantos
ni aunque revienten los cielos.

Veo arder sus vestiduras
mientras me pide socorro
sin que tiemble en mi la pena.

Amor, no te quepa duda,
no despertaré, ni loco,
hasta arrasar con su quema.






Mon dieu.

(Edith Piaf)

¡Dios mio! ¡Dios mio! ¡Dios mio!
Dejame un poco más a mi amante.
Un día, dos días, ocho días,
dejalo un poco más conmigo
El tiempo de adorarle,
de decirselo,
el tiempo de fabricar recuerdos.
¡Dios mio! ¡Oh sí...Dios mio!
Dejamelo,
para que llene un poco
mi vida...
¡Dios mio! ¡Dios mio! ¡Dios mio!
Dejame un poco más a mi amante.
Seis meses, tres meses, dos meses...

Dejamelo solamente
un mes...
El tiempo de comenzar
o de terminar,
el tiempo de iluminar o de sufrir.

¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Dios mío!
Aunque me equivoque
dejamelo un poco
aunque me equivoque
dejamelo más