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jueves, 7 de abril de 2016

La soldado de Dios.












Pido a Dios que te mate.

Te lleve por delante. Te silencie.

Algunos días,
esos días benévolos,
le pido solamente: haz que me olvide,
llévatela, señor.

Ve y tráele a otro tipo que la quiera
y que la haga sentir en las mañanas
hasta que el reino
de los hombres colapse
y tus ángeles quieran ser muy hombres
para gozar también.

Y entonces llegas, Dios,
tan de mañana,
y la traes tan húmeda a mis manos
y la montas desnuda sobre mí.

Me traes a esa "muerta" y yo permito
cabalgue mi violencia,
me sueñe y me imagine
orgasmo tras orgasmo,
a grito limpio
tu nombre entre sus dientes,
el cuarto y los vecinos, mi minúsculo
reino colapsado,
vencido en mi ataúd.





4 comentarios:

  1. Un gran poema, me encantó y con gusto lo comparto. Abrazos, amigo.

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    1. Gracias, Mamen. Es un privilegio recibir en mi casa la visita de una mujer que valora y ama tanto la poesía.

      Gracias siempre, Mariposa.

      Un abrazo.

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  2. Ya lo leí, Jonh, pero lo siento tan bello como la primera vez, o más.
    Qué gran poema!
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. María, mil gracias por la segunda lectura y comentarios. Nos leemos, compañera.

      Un abrazo.

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