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jueves, 15 de septiembre de 2016

Tango del pecado (Paridas en la noche)








¿Y... dónde fue que lo dejamos? Ah... ya; en pleno apogeo de la era blandiblu

Hacía una noche espléndida, con un cielo encendido y una luna, de esas de ah largo, brillando en lo alto.

Si pude darme cuenta del estado de la luna fue porque Luz dijo exactamente eso cuando entró en mi cuarto: ¡aaaah!... con los ojos puestos en el cielo. Y luego un ay en un gritico sexy, de esos que a ella tanto le gustan, mientras se sentaba en la esquinita de la cama. Y yo pase de la luna y le dije a la desesperada:

—¿Te encuentras mal, cariño? ¿Quieres que papi te traiga un cubito para vomitar?

Porque el parket es muy delicado, y también porque mi consciencia de pepito Madison me tenía ya loco con todo ese asunto de la marihuana.

—Me siento de maravilla, amor. —dijo al fin Luz María, muy suave.

De maravilla, así desparramada por mi cama de diseño de ochocientos cincuenta euros, sin zapatos (dios santo, que piececillos tan monos para arrodillarse a lo Tarantino y comérselos sin dejar siquiera un hueso) desarmando pinza a pinza su maravilloso recogido. ¡Qué alivio saber que mi Luz se encontraba muy o.k! Porque ese estado maravillal me daba la oportunidad de desparramarme yo también. Uno tiene derecho a desparramarse y a liberarse como los teléfonos móviles.

—¿Te importa que me quite la camisa, Luz María? —Pregunté.

En la vida hay que ser cortés y elegante. Según Gladys, con elegancia y con dulzura, papi elefante se la clavó a la hormiga.

—Que va, hombre, a mí que me va a importar si tú éstas en tu casa. —dijo Luz.

Y me lo dijo así, con ojitos curiosos. Uno no se desnuda en los portales mientras está en medio del querer. Y entonces me quité yo también los zapatos, y la camisa. Los pantalones no, aún no tocaba eso. Y ella dijo un ay. Así como de impacto total, y yo dije preocupado:

—Ay de qué, Luz María.

—Nada. Es que me encantan tus tatuajes, papá no me deja hacerme uno de esos.

Comprensible, yo tampoco consiento que Robertico se tatúe. Antes de dar ese paso hay que pensarlo bien, peña, porque un tatuaje es todo lo contrario al amor; un tatoo es para la eternidad.

Pensé que no nos vendría mal algo de música para ambientar la situación, y un segundo destornillador para Luz María. Y de paso, un segundo pitillo de maría para papi.

—Pero solo para papi, eh, Luz María. A ti solo te corresponde un destornillador que es más que suficiente. Para que veas que no soy tan machista como piensas. A mí no me importa, en lo absoluto, que mi hembra se desmadre. Lo que haga falta. Ya te trae papi la cajita de herramientas si se hace necesario.

Pues muy bien, gente. Luz María con su destornillador; yo con mi petardo de María, el cuarto a media luz como en ese tango, las cortinas corridas. Sí, hombre precavido vale por dos. Siempre hay un gracioso en la lejanía armado con unos prismáticos queriendo montárselo a costa de la creatividad ajena, y la banda de "Pretty woman" sonando en el reproductor.

—Ay, que bonita esa peli de "Oficial y caballero", verdad papi —dijo Luz.

Y yo allí en la gloria contemplándola desde la butaca diciendo sísísí, con la cabecita arriba y abajo, fumándo mi pitillo.

—Qué guapo Richard Gere cuando llega a la fábrica buscándo a Debra Winger, vestido de militar. Te imaginas, papi —eso dijo Luz, metiéndose un buen trancazo de destornillador con toda la finura del mundo, eso sí.

¿Qué si me lo imagino?

Precisamente, peña, imaginar es mi especialidad y es a lo que me dedico en mis ratos libres; uno pierde una barbaridad de tiempo en toda esa mamonada de inventarse historias y es ahí cuando comienza lo de ser escritor.

Primero hay que imaginar y luego viene la candanga del planteo:

Yo entrando en el Gregorio Marañón.
Yo entrando en uno de los quirófanos operativos del Gregorio Marañón, porque mi Luz María no trabaja en una fábrica, como la actriz protagonista de la película en cuestión ocupando un puesto en la cadena de montaje, sino en ese hospital. Aunque yo estoy convencido que si el guionista de Oficial y caballero le hubiera preguntado a Debra Winger —la actriz protagonista— bueno Debra, la verdad y solamente la verdad, tú no te me cortes un pelo, reina mora, que aquí estamos para servirte en lo que haga falta, ¿a ti que te viene mejor para entrar en situación romántica?: fábrica o quirófano.

Fijo que esa mujer se hubiera pedido: quirófano.

Muy bien. Al lío.

Yo vestido de oficial, super O.K; con mi arma reglamentaria asida al cinturón, como los pistoleros del siglo XXI.
Yo entrando en quirófano.
Yo acercándome —lentamente— a mi Luz María.
La enfermera exclamando: ¡oh!
El mariquita del anestesista exclamando: ¡oh!
El cirujano haciendo a un lado el escalpelo y aplaudiendo.
El ayudante del cirujano aplaudiendo.
El equipo médico al completo aplaudiendo, silbando.
El paciente en la inopia, tendido boca arriba en la mesa de operaciones con mas cables que una central eléctrica y el pecho hecho una mierda, rajado a corazón abierto.
Yo tomando —artísticamente— en brazos a mi Luz María, toda sexy ella vestidita de verde quirófano, con su gorro verde quirófano a juego con el mobiliario verde quirófano y su tapa bocas y sus glamurosos guantes de silicona, y ese olor medicamentoso y enfermo que emanan los trabajadores de la salud.

Y entonces es cuando suena ese pitido agua fiestas —largo— y el comemierda del cirujano grita:

—¡Caballero, déjense ya de tanto romance coño que el paciente se va! ¡Qué se nos va, carajo!

Mierda. Esto no es marihuana ni de coña. La maría no da por imaginar esas fantasías de escritor gilipollas.

—Espérate aquí un segundo, Luz María. Tengo que llamar a un colega.

—¿A las tres de la madrugada?

—I's very important, amor. Dale, tu ponte cómoda que yo vuelvo en un momento.

Y entonces bajé a hacer esa llamada, como no.

—¿Qué coño pasa? ¿Es que no puede uno follar tranquilo? —ladró mi coleguita al otro lado de la línea.

—De verdad de la buena, tío ¿qué mierda fue la que me vendiste?

—¿Tienes algún problema con mi material, Madi?

—Bueno, Luz María está aquí toda desparramada por el cuarto, blandiblu total diciendo papi papi papi, imaginando que yo soy Richard Gere y que voy a buscarla vestido de madero al Gregorio Marañón. Te vas a cagar si a Luz le pasa algo,Rafa.

Me vi en la obligación de plantearle el dilema a mi colega de esa manera. Ni de coña podía yo confesarle que era yo el que me había montado aquel numerito fantasioso. Luz María sólo dijo: te imaginas, papi.

—Pero si lo que te llevaste es un material de excelente calidad importado exclusivamente de tierras jamaicanas, Madi. Te juro por la salud de mi vieja que la hierba no ha tenido absolutamente nada que ver con el flipe de Luz María. Es que mi prima es así de peliculera.

—¿Có-mo di-ces, Rafa?

—De fantasiosa, hermano, quise decir que Luz es muy fantasiosa.

Pues ya nos íbamos entendiendo. Un tipo fantasioso, una mujer lindísima y fantasiosa. En pocas palabras: un cóctel molotov.

—Esa marihuana es fiable. Totalmente. Te doy mi palabra, tío —concluyó mi camello-colega.

Y concluí yo también la llamada, porque de repente escuché a traves del teléfono algo así como un golpe de látigo en el suelo, que no es de parket como el de mi chalet, Rafa no es tan pijo como yo, y una voz femenina en tono imperativo; la voz de Candy:

—Cuelga inmediatamente ese teléfono, perro.

Y el pobre de mi Rafa, con lo héroe y lo macho que se hace los sábados por la noche relatándonos sus caiditas de Roma sexuales en medio de su trapicheo jamaicano, allí, en Callao respondiendo de a pleno:

—Sí, mi ama. Lo que usted mande, mi ama. Todo sí sí sí y todo sumisión.

Solucionado el asunto subí para el cuarto. Y según fui subiendo peldaños me fui enterando de lo que allí sonaba en ese instante: Calle trece. Una banda sonora muy acorde con los destornilladores, el whysky y una marihuana premium con denominación de origen como bien me habís asegurado su distribuidor —Rafa— de excelente calidad, importada desde tierras jamaicanas. Y aquel cantante largando a todo tren por esa boquita:

súbele el volumen a la música satánica,

y súbele el volumen a la música satánica...

Insitándonos con aquel tango-ton, "El tango del pecado", porque aquello que sonaba en mi reproductor era una fusión entre el tango y el reguetón, a encuerarnos y a tirar la casa por la ventana de una maldita vez.

...porlaventanadeunamalditavez.

Y así, tal cual lo he transcrito para ustedes, fue como yo lo oí a mis espaldas en la voz de mi señora mamá, Gladys.

—Ay ay y ay, John Madison...

—Gladys, fuera de mi cuarto. Qué vergüenza que te dediques a espiarme mientras escribo.

—...ay, que ya nos conocemos y sé muy bien como de satánico y de caliente vas a poner el cuarto en el siguiente post.

—Eso a ti ni ta va ni te viene. Haz el favor de marcharte, Gladys Sánchez. Tengo que publicar la entrada antes de irme a currar.

—Y no se te ocurra decir que si Robokowski hacía, que si Robokowski deshacía.

—Esto ya es demasiado, Gladys.

—Sí sí. Ya me gustaría a mí saber lo que pensaba realmente la mamá de ese escritor de todas esas barbaridades que escribía, pero bueno, que sepas que a mí me da igual porque ese tal... Pataski,

—Bukowski, mamá, fenómeno Bukowski. Señor, institución Charles Bukowski.

—Pues eso, que el tal Bukoswski no es hijo mío. Ah, no. Tú no publicas ya más mierda pornográfica en blogger, como que yo me llamo Gladys Sánchez.
Pervertido. Cochino, que eres un cochino.

—Gladys, no toques la portátil.

—Niño, sueltame la mano, coño, que soy tu mamá...

Y afortunadamente, aquí está la entrada, peña. Gladys está cabreadísima conmigo. Tres días lleva sin dirigirme la palabra. Tendré que volver a los viejos hábitos: escribir en los garitos.

















2 comentarios:

  1. Eres un completo Caballero en toda la amplitud de la palabra, disfruto tanto con tus historias y tu capacidad de crear...Ayyy! exclamándolo y terminando en suspiro cuál Luz María ;-P

    Besos, Jonh.

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  2. Hola Yayone.

    Gracias siempre por tu apoyo. No sé si algún día lograré terminar esta historia. Tengo algunos capítulos más en el editor pendiente de revisión. Lo cierto es que me encantaría que no quedara en el aire por lo mucho que he disfrutado escribiéndola, aunque no esté todo lo bien que a mí me gustaría por diversas razones.


    En cualquier caso, gracias otra vez por la compañía

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