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jueves, 24 de noviembre de 2016

Veinte coplas de amor para Penélope.




Allí donde mi médico perjura
no cabe la emoción, solo el bramido
en ardua rebelión de mi latido,
allí donde mi vida se aventura
en acto de servicio a la bravura,
le levanté a mi musa sus cuarteles.
Y entre finos bolillos y caireles,
cual Penélope teje su locura.

Mantillas de algodón de un blanco nube
recrea desde el alba hasta la noche
para esconder en ellas el derroche
de versos con que un día la retuve
en la jungla virtual por la que anduve.
Penélope no sabe que los vientos
del olvido le temen a mis tientos,
y en domar su arrebato me entretuve.


*****


Cántame desde el alma, mi guajira
o tráeme la pastilla del infarto
que mi norte sin ti es un tira- tira.
De añorarte, te juro que estoy harto.

Cántame como antaño en lunas frías
cantaban boleristas habaneros
a las mulatas suaves letanías
que mataban de envidia a los luceros.

Que este negro se muere, curandera, 
como diría Carilda, de desorden
cuando no oye sonar tu balacera
llamando a mi cordura a tomar orden.


******


Aquí traigo, tecnócratas del verso,
el corazón metrado en mil sonidos,
el hígado, un pulmón y mis riñones
abiertos en canal y macerados
con el jugo canalla de mis rimas.

Pasen señores, pasen.
La mesa está servida, catedráticos.

Paladeen y juzguen, 
qué sobra, qué le falta 
a este ejemplar trinchado en la bandeja
para ser licenciado en poesía.

Y no tengan piedad, señores del jurado,
al emitir su veredicto.

Pero deben saber, hombres de verso en pecho 
hoy, que me examinan concienzudamente,
que nada en este mundo contendrá
mi torrente novicio vanguardista.



******


Yo podría escribir sobre la lluvia,
las flores y los árboles.
Yo podría crear mil primaveras.

Desgranar flamboyanes, gorriones y paraguas.
Divagar sobre ciénagas.
Yo podría escribir sobre camelias,
yo podría versarle a las iguanas.
Matar de amor, en verso, a una mozuela,
transmutarla en horrible zarigüeya.
Porque un día cualquiera,
un Dios tal vez, me dijo:
Álzate en la palabra. Ponle velas,
hazla dueña de tu cartografía.
Navégala con arte.
Amárrala a tu estómago,
a tus dientes.
Guardala entre tus piernas.
Sé bien macho, y cócela
a tu lengua.
Sé un buen tipo y manténla,
deja que se acomode,
allá, sobre tu médula,
hasta que llegue el día
en que te sangren los vocablos.

Arréglate con ella,
que ya he cumplido el trato.
Lo que tú y ella hagan es un asunto vuestro.

Su suerte ya está echada, señor Madison.





viernes, 11 de noviembre de 2016

Leonard Cohen en tránsito hacia la noche, mientras yo viajo en la noche a la deriva.


Era mi deseo que estos poemas escritos para la colección "Tauromaquia"
continuaran inéditos. Verán, ya le he entregado a la red (en tiempo récord) tantos trozos de mí que no estoy por la labor de compartirme.

*Maldito guionista.

Ya no deseo ser este poeta.

No le encuentro la gracia a quedarme en calzones,
con el alma en las manos
bajo el cañón de luces y en platea,
mientras todos me aplauden divertidos.

Siempre pienso en dejarlo
y cada noche
regreso al carnaval y al maquillaje.

Regreso a decidir
qué color es mejor para versar
y qué camisa,
me viene bien para llorar con arte.

Guionista:
Consígame una vida de poeta feliz
donde por una vez no me atropellen
los poemas fatales,
y olvídese,
de una maldita vez del puto Karma.

Sí. Hace ya tiempo que me pregunto de qué sirve echar a navegar en el océano de la blogosfera lo más roto, lo más vulnerable de mí. Creo que fue esa pregunta la que trajo estos poemas.


*Todas esas cosas tan hermosas que un día fuimos.




Quién sabrá
cuando muera de fiebre, de vértigo, de hastío,
de un ataque de asma o deambulando
por el limbo otoñal de un buen poema,
quién sabrá que fue tuyo este Don nadie.

Quién sabrá, poesía,
que fue mía
tu pulsación de gata incapturable.

*******

Pero al ser partícipe de la noticia de la muerte del poeta y cantautor Leonard Cohen, pensé que no había una manera más digna de despedirlo que regalarle a su alma, ahora en tránsito, estos sonetos.

Lo maravilloso de la literatura es que yo siempre podré encontrarle en sus versos, como si Cohen no se hubiera marchado nunca hacia otras misteriosas fronteras. Es curioso que ésta adaptación del tema "The gipsy's wife" de la autoría del propio Leonard Cohen, interpretado por el cataor flamenco "Duquende", me haya acompañado en este último mes no sólo en la edición de este tríptico de sonetos, sino también durante mi última entrada, "El Tatuaje de Sally Persson" (Ejercicios de estilo, toma 1), casi como un anuncio, una señal luminosa de los últimos coletazos de su existencia.

Va por ti, Cohen, por todas esas noches en las que tus versos me han acompañado, por todos esos amigos poetas a los que les he presentado tus poemarios y han quedado, tremendamente, satisfechos y enamorados para siempre de tus maneras poéticas tan obedientes a tu estilo, y por que los buenos poetas, siempre permanecen:


Deriva en "Do mayor".

Perdido sin el "do" de su no-verbo,
desamparado y roto en su vertiente.
Resquebrajado el casco de mis versos,
a la deriva voy, contramaestre.

A la deriva marcho en mi proeza,
a vela y sin motor, a viento limpio.
El arpón a la caza de poemas
que alimenten mis rutas de escapismo.

A la deriva mi cantar sin brújula.
Puertos de abecedarios se dibujan
como espejismos sobre el horizonte,

que me ocultan las fases de sus lunas.
A la deriva viaja entre las brumas
mi sueño de poeta cada noche.



Pasión en "Do mayor".


Me muero por rasgar, Habana vieja,
lo mestizo y vetusto de tu traje.
Gozarte hasta que el sol, con su metraje,
corrompa nuestro idilio en son de queja.

Despertar refugiado en tu cintura
de huracanados ritmos antillanos,
retener tu pasión entre mis manos
vacías de no andar tu piel madura.

Y vivo cada noche, Habana mía,
el sueño de apagar en tu abadía
esta sed sin remedio de conguero.

Nunca se fue de mí, mulata hermosa,
el colonial perfume de tu rosa,
ni el lloroso romper de tu aguacero.


"Océano, viento y tierra en Do mayor".

Sonetear le va estrecho a mi figura,
a mi garganta de canela en rama,
pero tu boca de oro  me reclama
un soneto con alas de premura.

Tu boca de oro desde la bahía
convocándome al juego de la doma,
tu voz donde el Atlántico se asoma
se merece un cantar sin cobardía.

Un gallardo cantar sobre mi noche
en tierras de sardanas donde el broche
lo ponen siempre el mar y un sol pausado.

No albergo queja alguna, el gran dilema,
es que marché de ti, mi verde gema,
y tú nunca te fuiste de mi lado.



****


Algunos poemas de Leonard Cohen...


Ya no estoy en mi mejor momento para practicar
el oficio de los versos.
Se me da mucho mejor
estar en el cuarto ropero con Sara.
Pero incluso en este mundo alternativo
tampoco estoy ya en mi mejor momento.
Necesito la compasión de mi propia atención.
Quién podría haber adivinado
que el corazón envejece
del contacto con otros.

*******


El amor es un fuego.
Arde por todas partes.
Desfigura a todo el mundo.
Es la excusa que el mundo pone
por ser tan feo.


******

Ya no me queda talento.
Ya no puedo escribir más poemas.
Ya podéis llamarme Len o Lennie,
como siempre habéis querido hacer.
Supongo que debería dejarlo,
pero los viejos hábitos persisten
y las mujeres no hacen más que empujarme a ello.
Antes de que me acuséis de que os aburro
(para vuestro definitivo triunfo y alivio)
acordaos de que ni vosotros ni yo
podemos hacer ya el amor,
y una vez más habéis disfrutado
de la compañía de mi alma.